Las concentraciones de dióxido de carbono siguen en niveles récord

Ginebra, 23 de noviembre de 2020 (OMM) — Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la ralentización industrial debida a la pandemia de COVID-19 no ha contrarrestado los niveles sin precedentes de gases de efecto invernadero que atrapan el calor en la atmósfera, provocan la subida de las temperaturas y exacerban las condiciones meteorológicas extremas, la fusión de los hielos, el aumento del nivel del mar y la acidificación de los océanos.

Las medidas de confinamiento han reducido las emisiones de muchos contaminantes y gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono (CO2). Con todo, cualquier cambio en las concentraciones de CO2 —que son la suma de las emisiones pasadas y las actuales— no es mayor que el provocado por las fluctuaciones normales en el ciclo del carbono que se producen de un año a otro y por la marcada variabilidad natural a la que están sujetos los sumideros de carbono como la vegetación.

Una vez más, las concentraciones de CO2 experimentaron un incremento repentino en 2019, y según se apunta en el Boletín de la OMM sobre los gases de efecto invernadero, el promedio mundial anual superó un importante umbral: 410 partes por millón (ppm). En 2020 el aumento ha continuado. Desde 1990 el forzamiento radiativo total —que ejerce un efecto de calentamiento del clima— se ha incrementado en un 45 % a causa de los gases de efecto invernadero de larga duración. Cuatro quintas partes de ese aumento se deben al CO2.

“El dióxido de carbono permanece en la atmósfera durante siglos y aún más tiempo en los océanos. La última vez que se registró en la Tierra una concentración de CO2 comparable fue hace entre tres y cinco millones de años. La temperatura era entonces de 2 a 3 °C más cálida y el nivel del mar entre 10 y 20 metros superior al actual, pero no había 7 700 millones de habitantes”, dijo el Secretario General de la OMM, el profesor Petteri Taalas.

“En 2015 superamos el umbral mundial de las 400 ppm. Y solo cuatro años después, rebasamos las 410 ppm. Esa velocidad de aumento no tiene precedentes en nuestros registros históricos. La reducción en las emisiones debida a las medidas de confinamiento no es más que una minúscula irregularidad en el gráfico a largo plazo. Tenemos que aplanar la curva de forma continuada”, afirmó el profesor Taalas.

“La pandemia de COVID-19 no es una solución para el cambio climático. Sin embargo, nos brinda una oportunidad para adoptar medidas de índole climática más sostenidas y ambiciosas encaminadas a reducir las emisiones hasta un nivel cero neto a través de una metamorfosis integral de nuestros sistemas industriales, energéticos y de transporte. Los cambios que deben aplicarse son técnicamente posibles y viables desde el punto de vista económico, y su repercusión en nuestra vida cotidiana solo sería marginal. Es de agradecer que un número cada vez mayor de países y empresas se hayan comprometido a alcanzar la neutralidad en cuanto a emisiones de carbono”, señaló. “No hay tiempo que perder”.

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